Como colgado del cielo, sin ser lunita consentida, como colgado de la palma sin ser coco, como colgado de la vida, aunque pareciera no importarle, la gente lo mira, no por su acrobacia, no por su destreza; lo mira con la mirada del que espera ver si cae donde tiene que caer o si por el contrario pasa lo que la mente vaticina en silencio y al mismo tiempo lo desea, durante esos mismos segundos que dura en el aire.
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